Dicen por ahí que el nombramiento de Torres-Dulce como fiscal general del Estado fue recibido con alegría en los medios jurídicos porque se le consideraba un profesional.
Debe ser el mismo sentimiento que despertaba antes el de educación, que se ha desmarcado con un talante bastante más de derechas del que le asignaban. O el tapado Galladón, que cada día asoma más la patita ultra.
El caso es que el fiscal ha metido la pata lo suficientemente como para que quede marcado y se tengan dudas de su profesionalidad.
¿Por qué le dio por hacerle caso a la prensa fascista y a los conspiranoicos descerebrados con la tontería esa de los restos del tren del 11-M?
Una "información" de un medio que no tiene ningún reparo en falsificar y mentir, no debería ser motivo para que ordenase a la fiscalía de Madrid volver a remover lo que ya 14 jueces dijeron que ya estaba perfectamente investigado.
¿Recibió órdenes del gobierno, que así paga la deuda de hacerle el trabajo sucio a esa gentuza durante las pasadas dos legislaturas?
Porque si hubiera estado un poco más atento, se daría cuenta de que estos mismos imbéciles llevaban desde el principio acusando de destruir pruebas y ahora acusan de lo contrario. El principio básico de la conspiranoia.
¿Acaso Torres-Dulce cojea del mismo pie que el sindicato ultra Manos Limpias, la prensa fascista y los ultras de la AVT (tan queridos por el PP, aunque son la asociación minoritaria)? ¿Es él también partidario de las imbecilidades que esos descerebrados, incluidos miembros del PP que luego borran sus comentarios de los blogs, llevan haciendo año tras año?
Estos mierdas, carroñeros de las víctimas con el único objetivo de acabar con quienes odian, siempre han sido desmentidos y desacreditados. Aunque, como ladillas, sigan agarrándose a lo que pueden. Y no será porque les hayan desmontado una y otra vez sus mierdas.
Lo que sí es destacable, es la mucha ayuda que reciben del PP y de la jueza amiga (¿la veremos pronto sancionada por sus muchas irregularidades, o será la juanadearco de la caverna?
El caso es que el fiscal general se ha cubierto de gloria mandando investigar unos restos que están perfectamente identificados y localizados desde septiembre de 2004. Y aventuraba que se podría tratar de un delito de obstrucción a la justicia.
Y aquí es cuando surgen las dudas de su verdadera capacidad: El delito de obstrucción a la justicia parece ser que prescribe a los 5 años, por lo que ya no se podría acusar a nadie.
Aunque visto lo visto en la judicatura nacional, no nos extrañe que pase cualquier otra cosa.
Por tanto, cuando se enteró de su primera metedura de pata (o se lo dijeron), tocó rectificar. Y como eso de rectificar es algo que no se suele hacer muy bien, más que nada porque se quiere rectificar pero sin que parezca que se reconoce haber metido la pata.
Con lo fácil que es decir, vaya hombre me equivoqué. Claro que no debe quedar muy profesional ese tipo de equivocación en todo un señor fiscal general del Estado.
Consecuencia: intentar arreglarlo sin que lo parezca lleva a meter la pata todavía más. Y mostrar a las claras que la profesionalidad se le supone, que no la demuestra.
Porque en la rectificación suelta que lo que quería decir es que se iba a abrir una investigación genérica, dado que realmente no se conocía de qué delito finalmente se trataría.
O sea, lo que parece ser se llama una investigación penal prospectiva.
¡Algo que está expresamente prohibido por la ley!
Lo dicho. El profesional que se necesitaba en la fiscalía general del Estado.
¿Decepción "Torres Dulce"?
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