La ministra de sanidad de Alemania pasa sus vacaciones en la costa mediterránea española (¿es que los alemanes no saben veranear en otro sitio?), y ya que dentro de poco hay elecciones en su país decide reunirse con un montón de jubilados (que deben de estar todos aquí) para contarles lo mucho que hacen los derechistas por darles... servicio (ya me perdía e iba a escribir otra cosa). Según parece la distancia desde donde está poniéndose camarón de sol y el acto de cosecha de votos debía ser enorme porque solicitó un coche oficial con chófer desde Alemania. Y en vez de decirle que pillara un bus o que la embajada le buscase un coche de lujo a la altura de su integridad política, ¡SE LO ENVÍAN! Con tan mala suerte, que se lo roban al conductor (claro, un cochazo de lujo, nadie lo quiere) y se destapa el escándalo. Y ahora la oposición, que también está de elecciones y tampoco va a dejar escapar la ocasión para pillar todos los votos que pueda, se escandaliza como si ellos jamás hubier...
Porque el opinar no conoce barreras