Leo con frecuencia el blog de Elvira Sáez sobre la desaparición de Madeleine. Y siempre me sorprendo haciendo algo que no me gusta: leer los comentarios. No me gusta porque habitualmente no merecen la pena. Siempre están los babosos de siempre insultando (si no te gusta no lo leas, pero no, dale que te pego un día sí y otro también) o los zumbados con sus pajas mentales (recuerden, las otras dan más satisfacciones). Pero nada. Caigo con demasiada frecuencia en la tentación. Y me llama la atención que en un principio no ejercía ninguna moderación, publicando cualquier tipo de mensaje. Después empezó a borrar algunos, decía que ella no valía para censora y hala lo de siempre. "A que no te atreves a publicar esto", es una coletilla demasiado típica ya. Y claro, a algunos hay que borrarle los mensajes porque dicen verdaderas sandeces, porque insultan como fachas que son, o porque...porque la autora del blog tiene todo el derecho del mundo a hacerlo. Porque, señores, el autor de u...
Porque el opinar no conoce barreras