El segundo documento es el que recoge las intervenciones de la reunión anual de la API en 1965. Tampoco se le dio mucha publicidad hasta que hace poco se encontró una copia en los archivos de la Universidad de Wyoming.
En la presentación de la reunión habló el por entonces presidente de la API, Frank N. Ikard (desde el 63 al 80) titulada Encarando los desafíos de 1966. Antes había sido congresista por Texas (por el partido Demócrata) y abandonó la carrera política por el más lucrativo negocio de trabajar como cabildero para la industria petrolera (sí, la API siempre fue un grupo de presión para imponer los intereses industriales frente a cualquier otra consideración).
Ejemplo de esa labor presionadora está que lo primero que resalta en su intervención es la cantidad de normativa gubernamental aprobada relacionada con "nuestra industria": 4000 normas sólo en 1965.
Y no tiene vergüenza en reconocer (estaba rodeado de los suyos): "No hace falta una bola de cristal para ver que nuestra participación en los asuntos del gobierno se intensificará el próximo año".
"Los asuntos que nos concernieron durante 1965-conservación del aire y del agua, oceanografía, impuestos, la legislación sobre salarios y horario laboral...-alertan a los industriales de la necesidad de hacer nuestros deberes...Y muchos de nosotros aprendimos no sólo porqué era importante hacer oír la voz de la industria y que se tuvieran en cuenta nuestras opiniones, sino también cómo hacerlo...podemos enfrentarnos a los asuntos de 1966 con la sensación de que, como mínimo, estamos mejor preparados".
Más claro, agua: la API estaba dispuesta a dar batalla defendiendo los intereses industriales ante los primeros indicios de medidas proteccionistas del medio ambiente.
En esa época, el gobierno estaba realizando una recopilación de estadísticas industriales y parece ser, según indica el propio presidente de la API, que los datos proporcionados por las petroleras fueron criticados "por ser inadecuados...".
Así que tocaba contraatacar, eso sí pensando siempre en el dinerito: "Los datos que nos solicitan deberían obtenerse sin que representasen esfuerzo o coste para la industria. Y si los datos que proporcionamos van a ser usados como base para establecer nuevas políticas, deberían ser datos firmes-no sólo conjeturas...Pero pueden estar seguros que nuestra acción positiva en este área hará ganar peso a nuestras opiniones...".
También estaban preocupados por la intención del gobierno de vigilar de cerca el uso del suelo público (malditos comunistas!). Ya esperaban que la cosa no iba a ser fácil con la Comisión que iba a revisar la legislación sobre suelos públicos: "Los resultados y anuncios de la Comisión causarán fuertes discusiones y debate. Los industriales, a todos los niveles, deben estar preparados para tomar parte. Muchos de nosotros nos meteremos en asuntos públicos -articuladores del punto de vista de la industria".
Pero de todos los asuntos en los que llama a presionar el que destaca por encima de todo y que va a requerir más presión es en la "conservación del aire y del agua".
Está claro que ya sabían dónde había que pelear en 1965. Y sabían de sobra que era un asunto importante y demostrado:
"El hecho de que nuestra industria continuará enfrentándose con problemas sobre la conservación del aire y del agua durante muchos años queda demostrado por el voluminosos informe del Panel sobre contaminación ambiental del Comité Científico Asesor del presidente Johnson, que fue presentado el pasado fin de semana...El punto principal del informe es que todavía hay tiempo para salvar a la población mundial de las catastróficas consecuencias de la contaminación, pero ese tiempo se está agotando".
"Una de las predicciones más importante del informe es que el CO2 que se está añadiendo a la atmósfera terrestre por la combustión de carbón, petróleo y gas natural a una tasa tal que hacia el año 2000 el balance energético está tan modificado que posiblemente causará importantes cambios en el clima más allá de acciones locales e incluso nacionales".
Incluso cita el informe: "...la contaminación causada por los motores de combustión interna es tan seria y está creciendo tan rápido que es probable que sea una necesidad nacional un modo alternativo no contaminante para mover automóviles, autobuses y camiones".
Pero toca apaciguar un poco (recordemos que de aquellas la industria tabaquera estaba en plena faena de desacreditar los efectos perjudiciales del tabaco): "Sin embargo el informe no concluye que la contaminación del aire urbano, aun teniendo algunos efectos desfavorables, no ha alcanzado un estado tal que el daño sea mayor que el asociado con fumar. Además, (el informe) no encuentra que los niveles actuales de contaminación en el aire, aguas, suelos y organismos vivos sean tales que demuestren ser causa de enfermedad o muerte en personas, pero teme que sí lo sea en el futuro. Como precaución intenta hacer valer el derecho a estar libres de contaminación y a negar el derecho (sic) a contaminar el aire, la tierra o el agua".
Sí señores, en USA son tan libres que contaminar es un derecho.
Pero incluso en 1965 tenían claro que la contaminación era de tal nivel que luchar contra ella iba a llevar mucho, pero que mucho tiempo: "Hay más de 100 recomendaciones en este amplio informe, y les animo a estudiarlo. La implementación de algunas de ellas requerirá trabajo durante generaciones de los organismos legislativos a nivel local, estatal y federal, así como de la industria del petróleo y otras."
Estamos en la época de la Ley sobre calidad del agua (1965), la gran reforma de la Ley del aire limpio (1963), así como, según indica el presidente de la API, de la presentación de más de 350 proyectos de ley sobre conservación del aire y del agua en 41 estados. De ellas "175 están relacionadas con controles de contaminación atmosférica y 190 con controles de contaminación del agua. Como resultado se aprobaron 30 leyes sobre contaminación del aire en 18 estados y 35 sobre contaminación del agua en 19 estados".
Incluso las nuevas leyes daban potestad al Departamento de Salud, Educación y Bienestar a obligar a los estados a establecer criterios de contaminación. "Y también permite incrementar la investigación federal sobre contaminación del aire, incluyendo un estudio sobre las emisiones de hidrocarburos de los carburadores y depósitos de los automóviles. Habrá estudios posteriores sobre las maneras de reducir las emisiones de SO2 resultantes de la combustión de petróleo residual y carbón".
Para no haber problemas de contaminación, el gobierno USA se lo estaba tomando pero que muy en serio. Y la API no iba a permitir que se vinieran arriba, claro: "Nuestra industria debe colaborar completamente en este esfuerzo nacional para mejorar nuestro aire y las reservas de agua. Al mismo tiempo, debemos también hacer lo necesario para que esta buena causa vaya por un camino racional...Debemos impedir que el trabajo que se avecina sobre la conservación del aire y agua... quede oscurecido por afirmaciones temerarias y conceptos fantasiosos".
Y ya habían empezado las maniobras en respuesta al discurso del Estado de la Unión en el que el presidente ya se había referido a la contaminación, al que enviaron una carta de advertencia(?) sobre lo que se iba a encontrar por parte de la industria: "Le señalamos que las experiencias pasadas en este asunto mostraron el desperdicio de tiempo y dinero que se puede generar con falsos comienzos. Y firmemente afirmamos nuestro convencimiento de que los programas bien intencionados pueden fracasar si están basados en suposiciones no soportadas por el conocimiento científico, desarrollados mediante investigaciones adecuadas."
Básicamente, no apoyarán ninguna medida que no sea las que propongan SUS investigaciones, que para eso son los dueños del negocio. Como por ejemplo, que en los años 30 crearan su propio Comité sobre la eliminación de residuos de refinerías. "Hemos patrocinado investigaciones y publicados nuestros resultados desde hace más de 10 años- empezando mucho antes que hubiera un interés nacional sobre este problema".
"Esta investigación básica se ha realizado en casi 20 laboratorios universitarios y centros de investigación".
Traducción: pagamos a gente para que diga lo que queremos y sólo publicaremos lo que nos conviene. Como bien se está descubriendo desde hace unos años.
Y que no sea por presumir de poner pasta en el asunto: "...en los pasados 10 años, las empresas gastaron más de 210 millones$ en investigación sobre la conservación del aire y nuevas y mejores instalaciones de control. Para 1966 esas compañías van a destinar más de 41 millones$ para esos objetivos- casi el doble de la media anual delos 10 años previos".
Vistos los resultados, millones tirados a la basura. O gastados mayoritariamente en pagar a lacayos.
Y un nuevo recordatorio de que ellos van a seguir presionando: "La gente de la industria con conocimientos y experiencia es esas áreas... deben proporcionar esa experiencia".
Concluyendo. Los desafíos para 1966 requieren "...incluso una más amplia y más activa participación de todos nosotros... El éxito depende también en la unidad...nuestra industria se hace entender mejor y sus necesidades son apreciadas más rápidamente cuando usa una única voz. Nuestra industria prospera hoy porque ha identificado las áreas que pueden ayudar o impedir su progreso...".
O sea, presionar, comprar y lo que haga falta para evitar que la lucha contra una contaminación que ya en 1965 se consideraba de consecuencias catastróficas y se empezaban a aprobar leyes proteccionistas, impida a los mercaderes ganar cada vez más.
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