Hoy empieza un nuevo paripé mediático con la COP26. En los próximos días escucharemos las hipócritas parrafadas de los políticos y mercaderes (y los lacayos bien pagados en sus institutos y cátedras financiadas por los grandes contaminadores) sobre lo mucho que va a hacer ahora. Que lleven desde 2005 con la misma palabrería y sin hacer nada (la pandemia fue una buena excusa para camuflar el fracaso en ese sentido) es un mal presagio. Muy pocos optimistas (o desesperados) creen que de ahí saldrán acciones concretas. Los objetivos son para 2030. Apenas 8 años.
Sí, estoy muy cerca de los catastrofistas. De los que piensan que ya la hemos cagado más allá del punto de no retorno. Por es que cada vez más expertos se pasan del cambio climático a la crisis climática; de la reducción a la mitigación....
Más nos vale ir apretando el culo porque el hostión tiene pinta de que va a ser épico. Lo que pasa es que, como siempre, los primeros en sufrirlo serán (ya lo están siendo) los pobres. Pero también en la rica Alemania tienen ahora lo que nunca se había visto.
COVID-19 nos ha vuelto a recordar que ya no vivimos en burbujas protegidas y que ya no está claro que los demás pagarán el pato. Las pandemias ya no se reducen a China (SARS-CoV-1) o a los árabes (MERS). Cuando el mundo rico le vio las orejas al lobo mostró su verdadera cara: acumular papel higiénico, vacunas y cerrar fronteras. Taparse con las sábanas porque si no se ve al monstruo pensamos que no nos comerá.
Con el cambio climático pasó, pasa y, desgraciadamente, posiblemente pase lo mismo. Los que ayer lo negaban, hoy hablan de que, esta vez sí, van a ponerse las pilas y que esto tiene arreglo. Como en una peli de catástrofes de esas de J. Burckheimer en la que un héroe (USA, of course) lo arregla todo y se queda con la chica.
Los grandes contaminadores llevan ya más de medio siglo sabiendo que su negocio era pan para hoy y hambre, mucha hambre, para mañana. Y no son conspiranoias, son sus propios documentos internos que poco a poco van saliendo a la luz. No es que sirvan de mucho, pero algo de gusto te da saber que tenías razón.
Lo que sigue es la consulta directa de los documentos originales tal como se enlazan en un interesantísimo artículo (dividido en dos partes, aún pendiente de publicar la segunda parte) de la web DeSmog: https://www.desmog.com/2021/10/29/dirty-dozen-documents-big-oil-secret-climate-knowledge-part-1/.
El primer documento es de 1959 (publicado en 1960), cuando se realizó un Simposio sobre Energía y Hombre en la Universidad de Columbia. Estaba organizado por la API, la asociación de empresarios petroleros USA (alguna gente se cree que API es una entidad científica porque edita normas sobre diferentes aspectos técnicos [yo doy formación técnica sobre algunas de ellas], pero es un poderoso grupo de presión bastante cercano a la ultraderecha, como se demostró recientemente con el apoyo de varios de sus directivos al asalto terrorista del Capitolio el pasado 6 de enero) para conmemorar el centenario de la industria petrolera estadounidense.
Entre los conferenciantes estaba el mismísimo E. Teller (reputadísimo físico que participó en el Proyecto Manhattan y considerado el padre de la bomba H). No debió sentar muy bien lo que dijo porque pasaron varias décadas hasta que salió a la luz ese documento, que criaba polvo en los archivos del Museo y Biblioteca Hagley de Wilmington (Delaware).
Ya en el primer párrafo de la presentación del Simposio se indica que quien lo organiza es la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia, patrocinada por la API. Sólo Teller era científico. Los demás:
- Allan Nevins, presentado como un gran historiador. Estaba especializado en la Guerra Civil USA y en escribir biografías de presidentes y grandes magnates. 2 premios Pulitzer y 0 trabajos sobre ciencia.
- Robert S. Dunlop, presentado como "el único representante de la industria petrolera" en el Simposio y presidente de la Compañía Petrolera Sun. También era en la época el director de la API. Efectivamente, un panegírico de las bondades del consumismo energético sin límites.
- Edward S. Mason, presentado como profesor de economía en Harvard. Asesor gubernamental en diversos asuntos económicos (como la instauración de una dictadura amiga en Pakistán, esto... en el desarrollo económico de Pakistán).
- Herber Hoover, Jr. presentado como ingeniero consultor (por ejemplo, en los también gobiernos amigos de la época en Venezuela, Irán, Brasil, Perú...) y asesor gubernamental de los gobiernos USA. Claro, presentarlo como el de la fábrica de aspiradoras Hoover no quedaba muy digno. Con todo el respeto del mundo para los fabricantes de aspiradoras expertos en energía y adalides del anticomunismo de la época.
Para nuestro asunto sobre el negacionismo y que ya hace más de 50 años que los grandes contaminantes sabían las consecuencias de su negocio, nos quedamos con la intervención de Teller. Las negritas son mías y mis comentarios quedarán claramente diferenciados de las citas traducidas por mí del texto original.
En la segunda frase de su intervención dice ya que: "...creo que las fuentes de energía del pasado deben suplementarse. En primer lugar porque esas fuentes energéticas se agotarán a medida que vayamos usando cada vez más combustibles fósiles". Dado que se estaban celebrando los 100 primeros años de la industria petrolera, podemos imaginar a qué energías del pasado se refería.
La primera en toda la frente.
Recordaba después que, aunque no habría problemas de suministro en el siglo XX, la "sustancialmente creciente" demanda energética y la cada vez peor accesibilidad de los nuevos yacimientos haría incrementar los precios. Un proceso que "...como todos ustedes saben, ya ha comenzado".
Dejando aparte consideraciones económicas y de desigual reparto de los yacimientos petrolíferos, Teller quería resaltar ya desde el principio de su intervención la necesidad de buscar fuentes alternativas de energía: "Y es, extrañamente, la cuestión de la contaminación de la atmósfera".
Realmente no hace falta comentar, sólo leer lo que expuso Teller:
"Cada vez que ustedes queman un combustible convencional, crean CO2. Se ha calculado que el CO2 emitido a la atmósfera desde el comienzo de la revolución industrial es aproximadamente el 10% de la cantidad de CO2 que nuestra atmósfera tenía originalmente."
Citaba unos estudios realizados en el Instituto Scripps de California en los que se concluía que "...actualmente el contenido de CO2 de la atmósfera se ha incrementado en solo el 2%".
Luego explicaba cómo se había realizado ese cálculo a partir de medidas de radioactividad del CO2 atmosférico y su comparación con carbono antiguo cuya radioactividad ya habría disminuido o incluso desaparecido.
"Se ha añadido un 10%, se mide ahora un 2%. El resto está en los océanos, principalmente en los fondos marinos, precipitado como CaCO3. Sabemos ahora que la mayoría del carbono se ha ido de esa manera y que el contenido adicional de carbono que contiene la atmósfera es el que se ha quemado en los últimos 10 o 15 años. Ese es el tiempo de permanencia del CO2 en la atmósfera".
"Si, como ahora, la tasa de quemar combustibles convencionales continúa duplicándose cada 10 años, al final del siglo (XX) habrá un incremento de CO2 en la atmósfera de más del 10%. El CO2 es invisible, es transparente, no lo pueden oler ustedes, no es peligroso para la salud, por tanto, ¿por qué preocuparse por él?"
La presencia de CO2 en la atmósfera "causa un efecto invernadero tal que permite a los rayos solares entrar pero, en cierta extensión, impedirá que la radiación de la tierra salga al espacio exterior".
"El resultado es que la tierra continuará calentándose hasta que el equilibrio se reestablezca. Entonces la tierra estará a una temperatura superior y radiará más. Se ha calculado que el incremento de temperatura correspondiente a un 10% de incremento de CO2 será suficiente para derretir la capa de hielo y sumergir Nueva York. Todas las ciudades costeras podrían quedar sumergidas y dado el considerable porcentaje de la raza humana que vive en zonas costeras, pienso que esta contaminación química es más seria de lo que la mayoría de la gente tiende a creer".
Como físico nuclear que era Teller, deja bien clara su entusiasta preferencia por la energía nuclear como alternativa. Su defensa de la energía nuclear y de su poca peligrosidad (excepto un accidente, como él mismo termina reconociendo) sólo puede entenderse viniendo de alguien que desarrolló la bomba termonuclear como arma. Él también lo tenía claro, sin embargo: "Es muy fácil reventar en pedazos algo; es mucho más difícil que la reacción sea lenta y controlable".
Por cierto, consideraba que la energía por fusión nuclear podría estar lista para su uso cotidiano "en el año 2000, puede que incluso más tarde". También habló del Proyecto Plowshare para usar explosiones nucleares controladas en minería, construcción de puertos y canales moviendo tierra. "Todo esto son sueños, sueños que de alguna manera serán realidad".
Ah, el progreso de la mano de la energía nuclear (y la necesaria referencia al peligro rojo). Pero eso es otra (fea) historia.
En el turno de preguntas, le pidieron que resumiera los peligros de incrementar el contenido de CO2 en la atmósfera a lo largo del siglo XX.
"Hacia 1970, podría acaso alcanzar el 4%, hacia 1980 el 8%, hacia 1990 el 16% si seguimos con nuestro incremento exponencial en el uso de combustibles convencionales...Nuestro planeta será entonces un poco más templado. Es difícil decir si será 2ºF o sólo 1 o 5...hay la posibilidad de que la capa de hielo se funda y el nivel de los océanos empiece a subir. Bueno, no sé si cubrirá el Empire State Building, pero cualquiera puede calcularlo usando un mapa y se dará cuenta de que las capas de hielo que cubren Groenlandia y la Antártida tienen posiblemente 5000 pies de espesor". 5000 pies son unos 1500m de altura. El Empire State Building mide menos de 400m.
También le preguntaron sobre las pilas de combustible y otros tipos de conversión de energía, cuyo desarrollo se estaba empezando a investigar en aquella época.
"Las pilas de combustible pueden funcionar con energía solar y esto puede ser de gran utilidad para ciertos usos como calentar viviendas aisladas u objetos...como satélites. Esa conversión de energía solar directamente en energía eléctrica podría ser un gran invento maravilloso. Creo que la conversión directa de calor en electricidad es algo a lo que se debería prestar la más seria consideración en conexión con los reactores nucleares..." Arrimando el ascua a la sardina.
Lo que aquí nos incumbe es que ya en 1959 los grandes contaminadores recibieron una pequeña charla de ciencia básica sobre los riesgos de un consumo desaforado de combustibles fósiles y sus consecuencias medioambientales. Y que iba siendo hora ya de pensar en alternativas. En 1959.
(Continuará)
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