El Bulletin of the Atomic Scientists se fundó en 1945, en la Universidad de Chicago, por miembros del Proyecto Manhattan. En 1947 idearon el Doomsday Clock para representar cómo de cerca estamos de una autodestrucción. Ese reloj se ajusta una vez al año, a partir de la consulta de un Consejo del que forman parte 13 premios Nobel.
El del año 2020 está a sólo 100s de las 12 de la noche (hora simbólica del apocalipsis). El tiempo más corto desde que se creó el reloj. Incluso más cerca que en los peores momentos de la Guerra Fría. En 2018 y 2019 estaba a 2min. Sólo en 1953 había estado tan cerca (ni durante la crisis de los misiles soviéticos en Cuba estuvo así).
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2020 es un año de celebraciones:
- En abril, el 50 aniversario del Día de la Tierra, que busca concienciar sobre la importancia de proteger el medioambiente.
- En mayo, el 50 aniversario del Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT), básico en la evitación de un conflicto nuclear.
- En julio y agosto, el 75 aniversario de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, donde los democráticos USA usaron, por primera y única vez hasta ahora, armas nucleares contra otros seres humanos.
En estos años se vieron las pruebas de las bombas de hidrógeno (USA y URSS, precisamente en 1953), así como nuevos países uniéndose al club atómico. Y los actuales dirigentes no parecen los más adecuados para tener el dedo en el botón nuclear.
Y en estos años hemos conseguido pruebas irrefutables (digan lo que digan los irresponsables y derechistas negacionistas) de la influencia humana en la degradación del clima y el medio ambiente.
Pero en estos años también hemos visto como se firmaban acuerdos (escasos y manifiestamente mejorables) que han permitido reducir el número de cabezas nucleares (de un máximo de 64449 en 1986 a 9220 en 2017). Y en 2016 se llegó al Acuerdo de París (posiblemente demasiado tarde).
Pero el caso es que si se quiere se puede.
Y en 2019, respecto a 2018, parece que no se quiso: El riesgo de conflicto nuclear aumenta por la salida de USA de los acuerdos nucleares; la respuesta a la crisis climática es escasa y lenta (también liderada por los USA y su salida del Acuerdo de París). Por eso el reloj se movió a peor.
Ahora el riesgo es mayor y el tiempo de reacción menor. La gente está más preocupada, pero a algunos políticos eso les trae sin cuidado. Debe ser que son cosas de niños. Pero esos niños de ahora son los que van a encontrarse un mundo peor gracias a los políticos de ahora.
En 2020 también se celebra el 75 aniversario de la primera edición del Bulletin of the Atomic Scientists. Ya entonces advertían que "la bomba atómica puede ser uno de los primeros regalos peligrosos de la caja de Pandora de la ciencia moderna". Ni caso, claro.
Porque al peligro atómico y a la crisis medioambiental, ahora se une el ataque a la esencia democrática a través de Internet. Otro verdadero campo de batalla.
Gracias a la inacción política, más dada a los discursos grandilocuentes que a tomar medidas efectivas. Es lo que tiene pensar en los votos y las puertas giratorias. Pero los efectos están ahí, costando miles de vidas, millones de desplazados y cantidades inimaginables de dinero.
Y encima, con políticos usando Internet para propagar mentiras dando alas a grupos ultras empeñados en corroer la democracia. Pero si con eso ganan las elecciones...

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