Que la ministra de sanidad está en contra de la píldora post-coital, es normal. A fin de cuentas va con su ideología derechista.
Pero que anteponga su ideología a las evidencias ya es otro cantar.
El caso es que pidió tres informes consultivos, supongo que con la esperanza de que dijeran lo que quería oír.
Dos de esos informes (los de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios y de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia) niegan las tonterías de los meapilas. Ambas entidades especialistas en el asunto, aconsejan seguir con el procedimiento actual: dispensación libre y sin receta.
¿Y el tercer informe? Pues es de la Organización Médica Colegial, y dice la ministra que le da la razón.
El caso es que en su respuesta la OMC dice que debe ser gratuita y accesible a todas las mujeres. Pero señala que en vez de venderse en las farmacias, debería prescribirse en los Centros de Salud o en los Centros de Planificación bajo supervisión médica. O sea, que realmente lo que dice es que sean los médicos los que autoricen su uso (que es exactamente lo mismo que dice el ministerio). Eso está bien si no fuera porque los médicos suelen ser bastante de derechas, y habría que buscar algún mecanismo para controlar que sus prescripciones se ajustan a la práctica médica, no a sus creencias religiosas.
¿Y la ministra hace caso a la opinión mayoritaria de los especialistas? Pues claro que no. Faltaría más.
Pero como no puede negar la importancia de las opiniones de los expertos, se saca de la manga que los informes no son concluyentes y encarga un cuarto al Comité Técnico del Servicio Español de Farmacovigilancia (que depende orgánicamente de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, que ya emitió su informe).
En la página web de la Agencia Española... no encuentro referencia a ese informe emitido para el ministerio de Sanidad. Tampoco en la de la Sociedad... ni en la del Ministerio. Así que toca fiarse de lo que cuentan los periódicos.
En esos relatos periodísticos, se tumba el bulo de los derechistas de que esta píldora tiene riesgos o que se usa como un anticonceptivo habitual (negritas mías):
Las conclusiones de los expertos son tajantes: el medicamento “no es tóxico”, “no causa defectos congénitos”, “no existe riesgo de sobredosificación”, “no tiene riesgo de adicción”, “no tiene contraindicaciones”, “no tiene interacciones medicamentosas”, su indicación está “claramente establecida” y es de “uso sencillo”.Además, “el uso repetido no presenta riesgos conocidos para la salud”. “No se han reportado efectos adversos severos, ni en mujeres que la han usado más de una vez en un ciclo menstrual. Su utilización no se asocia con un incremento del riesgo de accidente cerebrovascular y tromboembolismo”. “No presenta efectos secundarios serios o duraderos. Algunas mujeres (menos de una de cada cinco, según los estudios) experimentan efectos secundarios leves y de corta duración, siendo los sangrados irregulares los más frecuentes. Otros efectos secundarios reportados incluyen fatiga, molestias abdominales y nauseas”. Con esto, los médicos desmienten la afirmación de que se trate de una bomba hormonal, como la califican sus detractores. La conclusión es clara: “Es seguro para todas las mujeres incluidas las adolescentes”
Por si acaso el cuarto informe consultivo tampoco le da la razón, la ministra creará un consejo asesor, cuyos miembros serán nombrados por el propio ministerio, como prueba clara de su total independencia.
El caso es que desde que se comercializa, hace 11 años (en el 2009 lo que se eliminó fue la prescipción mediante receta) hay reconocidos 35 casos de reacciones adversas, 20 de ellos considerados graves. De esos 20, la mayoría eran mujeres con problemas previos de salud o antecedentes familiares.
La principal limitación de este tipo de píldora por ahí fuera es la exigencia de la receta para las menores de edad. Algo que parece lógico.
En cuanto al abuso y lo de que se usa como anticonceptivo habitual, tampoco se sostiene con los datos: El mayor aumento se produjo precisamente cuando todavía era obligatoria la receta (concretamente entre 2008 y 2009).
Por último, la propia ministra dijo que no se dejaría influir por aspectos ideológicos. Será por eso que los informes que desmienten sus creencias no le valen. A ver qué dice ese consejo asesor nombrado a dedo.
Y ya sabemos lo que valen y duran las afirmaciones de este gobierno.
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