Yo creo que no. Me refiero a los antivacunas por convicción, no a los ignorantes.
Se supone que son estudiados, con buenos ingresos, algunos hasta profesionales de la salud. Y a pesar de ello niegan la evidencia científica (lo mismo que las enfermeras que dicen que nacen más niños con luna llena, o los homeópatas y demás "alternativos").
En mi opinión son sólo tontitos con pasta. Pero cuyas tonterías pueden tener consecuencias catastróficas. La primera es el incremento de enfermedades ya casi erradicadas o controladas.
Porque su actitud no sólo les afecta a ellos, sino a sus hijos y a los demás. Es el típico caso de que la libertad de unos afecta a la libertad de otros. Ya pasó en Andalucía y en Cataluña y los tribunales tuvieron que decidir. Y decidieron que la libertad de la mayoría está por encima de la libertad de la minoría.
Nadie discute que un gilipollas haga consigo lo que le dé la gana. Si no afecta a nadie más. Pero estos gilipollas deciden por sus hijos (triste pero correcto, pues son los legítimos poseedores de la patria potestad) pero sus decisiones afectan a los demás. Y afectan de forma muy grave, porque uno de esos chavales sin vacunarse puede ser el origen de una epidemia.
Es lo mismo que lo del tabaco. Si usted quiere fumar, hágalo, pero tráguese el humo.
Lo triste es leer las declaraciones de una pediatra (homeópata y antivacunas) decir:
...defiende que las enfermedades infantiles prevenibles son "benignas". Añade que "las vacunas hacen enfermar y causan síntomas más graves que las enfermedades que se intentan prevenir"
(El País, La moda que disparó el sarampión, 6-6-2011)
...de la Asociación Española de Pediatría, refuta esta idea: "En solo un 5% de los casos, la vacuna del sarampión produce fiebre moderada que dura uno o dos días. La enfermedad dura una semana, con 39 o 40 grados de fiebre. En el 5% de los casos produce neumonía, y en el 10% otitis. En países pobres, la mortalidad está entre el 5% y el 10%.
Estos son números sobre los que se puede debatir y hacer comprobaciones. Pero estos "alternativos" de pacotilla sólo saben esconderse detrás de casos excepcionales, referencias anecdóticas, y cuando se demuestra que sus estudios están falsificados, las demoníacas farmacéuticas.
¡Ay las farmacéuticas! Pero qué malas son. No como Boiron, que es una gran ONG.
¿Y ese súper-argumento de que sus hijos están como robles y no necesitan nada de la malvada medicina alopática? Supongo que debe ser inútil explicarles que la malvada medicina alopática lo que hace es que los demás chavales vacunados actúan como escudos protectores, porque si los no vacunados estuviesen en un entorno completamente de "sinvacunas" habría que ver lo que pasa.
Tal vez no es cierto que esta gente esté bien informada, a pesar de sus estudios y de sus elevados ingresos. Tal vez son igual de ignorantes que los demás, pero con pasta.
No, no pueden ser progres en el sentido original del término. Porque un progre es aquel que quiere ir hacia adelante, el que busca las mejores condiciones de vida para todos, el que piensa en la consecuencias de sus actos.
El progre de verdad es el que tiene siempre presente la máxima de la Revolución francesa: libertad sí, igualdad también. Pero sólo libertad nos lleva al capitalismo salvaje; pero sólo igualdad nos lleva a la dictadura estalinista-maoísta (a pesar de lo bien que vivían los jerifaltes estalinistas y maoístas, que la igualdad, hacia abajo quedaba para el resto).
Lo que hace al ser humano decente es la libertad, la igualdad y la fraternidad. Las tres juntas, porque sin fraternidad la libertad y la igualdad degeneran.
Pero de la fraternidad se han adueñado las religiones, despojándola del sentido humanista y ahí se quedó la pobre fraternidad.
Estos progre-pijos, ecologistas de salón (se creen que son ecologistas porque compran carísimos alimentos ecológicos, no porque les importe el medio ambiente, que ellos viven cojonudamente con las comodidades occidentales) sí que hacen daño. Con sus ideas gilipollas (¡ay lo oriental!) y su mucho poder adquisitivo, haciéndole el caldo gordo a las multinacionales y a los más variopintos gurús.
¿Por qué la naturaleza no es tan sabia como dicen y les da un poquito por el culo?
Se supone que son estudiados, con buenos ingresos, algunos hasta profesionales de la salud. Y a pesar de ello niegan la evidencia científica (lo mismo que las enfermeras que dicen que nacen más niños con luna llena, o los homeópatas y demás "alternativos").
En mi opinión son sólo tontitos con pasta. Pero cuyas tonterías pueden tener consecuencias catastróficas. La primera es el incremento de enfermedades ya casi erradicadas o controladas.
Porque su actitud no sólo les afecta a ellos, sino a sus hijos y a los demás. Es el típico caso de que la libertad de unos afecta a la libertad de otros. Ya pasó en Andalucía y en Cataluña y los tribunales tuvieron que decidir. Y decidieron que la libertad de la mayoría está por encima de la libertad de la minoría.
Nadie discute que un gilipollas haga consigo lo que le dé la gana. Si no afecta a nadie más. Pero estos gilipollas deciden por sus hijos (triste pero correcto, pues son los legítimos poseedores de la patria potestad) pero sus decisiones afectan a los demás. Y afectan de forma muy grave, porque uno de esos chavales sin vacunarse puede ser el origen de una epidemia.
Es lo mismo que lo del tabaco. Si usted quiere fumar, hágalo, pero tráguese el humo.
Lo triste es leer las declaraciones de una pediatra (homeópata y antivacunas) decir:
...defiende que las enfermedades infantiles prevenibles son "benignas". Añade que "las vacunas hacen enfermar y causan síntomas más graves que las enfermedades que se intentan prevenir"
(El País, La moda que disparó el sarampión, 6-6-2011)
¿Es esa la formación científica que recibe una profesional de la salud? No sé si añadió algo más que no aparece en el reportaje, pero una persona de "ciencias" (aunque renuncie a la esencia de la ciencia al pluriemplearse de homeópata, mucho mejor remunerado seguramente) necesita el complemento de los datos, las referencias, los estudios, la lógica. Algo así como (también en el mismo reportaje):
...de la Asociación Española de Pediatría, refuta esta idea: "En solo un 5% de los casos, la vacuna del sarampión produce fiebre moderada que dura uno o dos días. La enfermedad dura una semana, con 39 o 40 grados de fiebre. En el 5% de los casos produce neumonía, y en el 10% otitis. En países pobres, la mortalidad está entre el 5% y el 10%.
Estos son números sobre los que se puede debatir y hacer comprobaciones. Pero estos "alternativos" de pacotilla sólo saben esconderse detrás de casos excepcionales, referencias anecdóticas, y cuando se demuestra que sus estudios están falsificados, las demoníacas farmacéuticas.
¡Ay las farmacéuticas! Pero qué malas son. No como Boiron, que es una gran ONG.
¿Y ese súper-argumento de que sus hijos están como robles y no necesitan nada de la malvada medicina alopática? Supongo que debe ser inútil explicarles que la malvada medicina alopática lo que hace es que los demás chavales vacunados actúan como escudos protectores, porque si los no vacunados estuviesen en un entorno completamente de "sinvacunas" habría que ver lo que pasa.
Tal vez no es cierto que esta gente esté bien informada, a pesar de sus estudios y de sus elevados ingresos. Tal vez son igual de ignorantes que los demás, pero con pasta.
No, no pueden ser progres en el sentido original del término. Porque un progre es aquel que quiere ir hacia adelante, el que busca las mejores condiciones de vida para todos, el que piensa en la consecuencias de sus actos.
El progre de verdad es el que tiene siempre presente la máxima de la Revolución francesa: libertad sí, igualdad también. Pero sólo libertad nos lleva al capitalismo salvaje; pero sólo igualdad nos lleva a la dictadura estalinista-maoísta (a pesar de lo bien que vivían los jerifaltes estalinistas y maoístas, que la igualdad, hacia abajo quedaba para el resto).
Lo que hace al ser humano decente es la libertad, la igualdad y la fraternidad. Las tres juntas, porque sin fraternidad la libertad y la igualdad degeneran.
Pero de la fraternidad se han adueñado las religiones, despojándola del sentido humanista y ahí se quedó la pobre fraternidad.
Estos progre-pijos, ecologistas de salón (se creen que son ecologistas porque compran carísimos alimentos ecológicos, no porque les importe el medio ambiente, que ellos viven cojonudamente con las comodidades occidentales) sí que hacen daño. Con sus ideas gilipollas (¡ay lo oriental!) y su mucho poder adquisitivo, haciéndole el caldo gordo a las multinacionales y a los más variopintos gurús.
¿Por qué la naturaleza no es tan sabia como dicen y les da un poquito por el culo?
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