Según escucho en la radio, se va a iniciar una nueva campaña informativa de uso del condón para prevenir embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual como el SIDA (ahora de moda otra vez por el premio Nobel). Según parece, los jóvenes de ahora (¿es que alguna vez fue de otro modo?) no parece que piensen mucho en las consecuencias del folleteo libre. ¿Cómo vas a pensar cuando tienes la polla echando humo? Pero parece que nuestra salvación, las chicas, tampoco es que pongan un poco de sentido común en todo este rollo. Los tíos nos dedicamos a darle a la manivela siempre que podemos (¡ay aquellos tiempos en los que no había manera de que se bajara, y ahora..!) y las muchachas son las que tienen que tener las ideas claras. Eso es lo que tiene que nosotros pensamos con la polla y ellas necesitan el cerebro para disfrutar del sexo.
Bueno, no nos desviemos que luego pasa lo que pasa. El caso es que surge la pregunta de que en esta época de Internet y todas las campañas de información (se habla del "póntelo pónselo" pero yo me acuerdo de campañas muy duras durante los primeros años 80) ¿por qué sigue habiendo esa desinformación? Se habla de las características propias de los jóvenes e incluso de lo perjudicial del exceso de información, no siempre veraz o contrastada.
Será verdad, pero yo quiero añadir alguna reflexión sobre algo en lo que espero estar equivocado. De vez en cuando suelo ver programas de televisión, digamos, ligeramente derechistas cuando no directamente fachas (Intereconomía televisión, Popular televisión) en los que aparecen profesores que han manifestado abiertamente que durante sus clases, cuando tienen que hablar de estos asuntos, pasan de los contenidos oficiales y cuentan "la verdad" (eso de que el SIDA es de rojos y maricones, que el condón no protege y otras gilipolleces) a sus alumnos. Son profesores del Opus, fachas, ultracatólicos que están en la escuela pública y a los que parece nadie controla, pues no comentaban nada de que les sancionasen o algo por el estilo.
Es decir, que a lo mejor deberíamos preocuparnos por la educación sexual real que reciben nuestros hijos en las escuelas públicas y privadas concertadas por parte de profesorado ultra que pasa de los contenidos oficiales y que además no lo esconden.
¿Sabemos lo que les enseñan? A lo mejor esto también explica, aunque sea en una pequeña proporción por qué sigue sin calar entre la juventud el peligro de no utilizar el cerebro cuando la polla se dispara.
Bueno, no nos desviemos que luego pasa lo que pasa. El caso es que surge la pregunta de que en esta época de Internet y todas las campañas de información (se habla del "póntelo pónselo" pero yo me acuerdo de campañas muy duras durante los primeros años 80) ¿por qué sigue habiendo esa desinformación? Se habla de las características propias de los jóvenes e incluso de lo perjudicial del exceso de información, no siempre veraz o contrastada.
Será verdad, pero yo quiero añadir alguna reflexión sobre algo en lo que espero estar equivocado. De vez en cuando suelo ver programas de televisión, digamos, ligeramente derechistas cuando no directamente fachas (Intereconomía televisión, Popular televisión) en los que aparecen profesores que han manifestado abiertamente que durante sus clases, cuando tienen que hablar de estos asuntos, pasan de los contenidos oficiales y cuentan "la verdad" (eso de que el SIDA es de rojos y maricones, que el condón no protege y otras gilipolleces) a sus alumnos. Son profesores del Opus, fachas, ultracatólicos que están en la escuela pública y a los que parece nadie controla, pues no comentaban nada de que les sancionasen o algo por el estilo.
Es decir, que a lo mejor deberíamos preocuparnos por la educación sexual real que reciben nuestros hijos en las escuelas públicas y privadas concertadas por parte de profesorado ultra que pasa de los contenidos oficiales y que además no lo esconden.
¿Sabemos lo que les enseñan? A lo mejor esto también explica, aunque sea en una pequeña proporción por qué sigue sin calar entre la juventud el peligro de no utilizar el cerebro cuando la polla se dispara.
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